No sé en qué momento la primavera pasó de prometer revoluciones a darme ganas de apagar el móvil y mudarme a una cafetería con WiFi y cero responsabilidades.

No es drama. Es cansancio… pero del elegante.

Estos días no tienen épica. No hay decisiones importantes, ni giros de guion, ni momentos de película. Solo una acumulación rara de pequeñas cosas: mensajes que no respondes, planes que no te apetecen, y esa sensación constante de “debería estar haciendo algo más con mi vida”.

Spoiler: no lo estoy haciendo.

Y tampoco pasa nada. (Creo).

Abril tiene algo sospechoso.

Te enseña el sol, te deja oler la vida un poco mejor… y luego te suelta en mitad de la rutina como diciendo: “hala, ya estaría”.

Hoy he tenido ganas de desaparecer. Pero no en plan dramático. En plan coger un tren sin destino, pedir café en una ciudad que no conozco y no tener que explicarle a nadie nada.

No lo he hecho.

Pero lo he pensado.

Y eso ya cuenta como aventura mental, ¿no?

Supongo que crecer también es esto: no hacer locuras… pero imaginarlas muy fuerte.

De momento, me quedo. Con mis ganas de huir, mis listas a medio hacer y esa ligera sospecha de que, aunque no lo parezca, algo se está moviendo por dentro. Y oye… igual no estoy floreciendo. Pero tampoco estoy marchita.

Y eso, hoy, me vale.

—Akene ☕✨

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!