-
13 de febrero, 00:00
00:00. Técnicamente ya es mañana, pero me niego a llamarlo 14 de febrero todavía.Déjame este último minuto de tregua. Acabo de meterme en la cama con el móvil en la mano, la luz apagada y esa sensación rara de cuando el día termina, pero la cabeza sigue despierta. Afuera todo está en silencio, pero internet no. Instagram sigue lleno de corazones adelantados, cenas anunciadas con misterio y flores que claramente no han visto una floristería en su vida. Cosas que pienso justo ahora, a estas horas, y que no voy a maquillar: Que me da un poco igual San Valentín. Que no, no me da igual del todo. Que, si…
-
Full tensión
Después de la reunión interminable propuso un Starbucks. No era una cita. Pero lo parecía. Llegué antes y ya estaba allí. Mirándome como si el café fuera una excusa.Como si el plan fuera otro. Mesa pequeña. Piernas que se rozaban. Sonrisas lentas. Miradas que bajaban y subían.Silencios que hablaban más que las palabras. Charlamos durante horas. No solo fue una conversación. Había ganas. Había química. Y esa certeza clara de que eso no se iba a quedar ahí Me rozó la mano. No la aparté. Se acercó un poco más. Yo también. Me invitó a una copa en su casa. Yo acepté.
-
No cap
Esta vez no hubo secretos. Ni prisas. Ni mensajes a medias. Quedamos para tomar algo y nadie miró el reloj. Me habló mirándome a los ojos, sin bajar la voz, sin cuidar demasiado las palabras. Y yo me sentí tranquila. Raro, pero bien. No hubo mariposas descontroladas. Ni promesas grandes. Solo risas fáciles y silencios cómodos. Cuando volví a casa pensé en lo diferente que se siente algo cuando no tienes que esconderte. Y sonreí. Porque quizá el amor no siempre llega con vértigo. A veces llega así.Claro. Sencillo. De frente.
-
En visto
Al principio me gustaba que fuera secreto. Quedar a deshoras. Mensajes borrados.Miradas rápidas por los pasillos. Él decía que era mejor así, que lo nuestro era especial, diferente, intenso. Y yo me lo creí. Me creí que esperar valía la pena. Que esconderme era romántico. Pero un día me di cuenta de que siempre era yo la que esperaba. Yo la que callaba.Yo la que se conformaba. Y ahí lo entendí todo. Si tengo que esconder lo que siento, entonces no es amor. Es solo miedo… y no es mío.
-
8 de enero, 2026
9 de enero.El día en el que el calendario va por delante y yo voy claramente por detrás. Las Navidades se han ido, sí.Pero mi cuerpo sigue viviendo en una mezcla extraña entre Papá Noel, los Reyes Magos y una bolsa de polvorones abierta “solo por si acaso”. Tengo azúcar en las venas, sueño atrasado y una tolerancia social bajo mínimos. He sobrevivido a cenas infinitas, a brindis que se alargaron demasiado y a conversaciones que empiezan con “¿y tú qué tal?” y terminan removiéndote la vida. He sonreído. He asentido. He fingido interés. Soy una profesional. Hoy he intentado volver a la rutina.Intentado.He abierto el portátil con la misma…
-
Los días que no salen en las fotos
Hoy la vida se levantó con ganas de ponerme a prueba. Y no hablo de una gran catástrofe tipo “se cayó internet” (aunque eso también me habría destruido), sino de esas pequeñas cosas que se confabulan para recordarte que, efectivamente, el universo tiene sentido del humor. El despertador decidió que las siete, era una hora demasiado cruel para sonar. El café se quemó. Y mi pelo… bueno, digamos que amaneció en modo “nube de tormenta nivel final boss”. Aun así, me juré que sería un buen día. Spoiler: no lo fue. En el camino perdí el bus, un auricular y la dignidad cuando intenté correr con la mochila abierta y…
-
Punto y final
El despacho siempre fue nuestro refugio. Allí empezó todo: las sonrisas cómplices, los cafés a escondidas, las caricias rápidas entre montones de libros. Yo sentía que vivía una historia prohibida, de esas que solo aparecen en las novelas… y yo era la protagonista. Aquella tarde decidí darle una sorpresa. Subí las escaleras de dos en dos, con el corazón en la garganta y la sonrisa más tonta en los labios. La puerta estaba entreabierta y escuché su voz… seguida de una risa que no era la mía. Empujé despacio y lo vi. Sus manos, que tantas veces me habían buscado, ahora recorrían la cintura de una compañera de clase. Ella…
-
Amor con sabor a mantequilla
Se toparon en la fila del cine. Literal.Él venía distraído con su bol gigante de palomitas; ella lo sostuvo antes de que hiciera un espectáculo. Nivel: final alternativo de comedia romántica. —Uy, perdón —soltó él, con cara de “soy funcional, lo juro”.—Todo bien —dijo ella, sonriendo como si tropezarse con extraños fuera su hobby. Por un momento, el aire olía a mantequilla derretida, a nervios tontos… No hubo beso. Ni Instagram. Ni “te llamo”.Solo un “gracias” que quedó flotando con sabor a “esto fue raro, pero cool”. Horas después, los dos seguían pensando en el choque… más por el estilo que por el contenido.Porque, sinceramente… ¿Quién se olvida de alguien…
-
Briseida. Capítulo I
Era espectacular. Llevaba ya un buen rato subida en el eolovector, y aun así no podía dejar de mirarlo. Su diseño la fascinaba, como todas las invenciones de los áureos. A sus ojos, aquel artefacto parecía un gigantesco cajón suspendido en el aire, ascendiendo lentamente desde Villagris hasta Helios, transportando a los trabajadores gríseos dos veces al día Se inclinó hacia la ventana. Las casas de su aldea se habían vuelto diminutas, como manchas en un tapiz que poco a poco se deshilachaba. El vértigo la atravesó de golpe y, por un instante, pensó que el mundo entero podía desdibujarse allí abajo y desaparecer bajo las nubes. Contuvo el aliento,…









