8 de enero, 2026
9 de enero.
El día en el que el calendario va por delante y yo voy claramente por detrás.
Las Navidades se han ido, sí.
Pero mi cuerpo sigue viviendo en una mezcla extraña entre Papá Noel, los Reyes Magos y una bolsa de polvorones abierta “solo por si acaso”. Tengo azúcar en las venas, sueño atrasado y una tolerancia social bajo mínimos.
He sobrevivido a cenas infinitas, a brindis que se alargaron demasiado y a conversaciones que empiezan con “¿y tú qué tal?” y terminan removiéndote la vida. He sonreído. He asentido. He fingido interés. Soy una profesional.
Hoy he intentado volver a la rutina.
Intentado.
He abierto el portátil con la misma ilusión con la que se va al dentista. El café ya no sabe a magia, sabe a responsabilidad, y eso me ha parecido una falta de respeto.
Mis propósitos de año nuevo me miran desde una esquina, muy motivados ellos, muy optimistas, como si no supieran con quién están tratando. Yo les he devuelto la mirada y les he dicho mentalmente: tranquilos, ya hablamos en febrero.
El 9 de enero no es un nuevo comienzo.
Es un “vamos a ir tirando”.
Un día sin épica, sin filtros y sin ganas de hacerlo todo bien. Y, sinceramente, me parece un concepto precioso.
Así que aquí estoy:
despeinada,
con restos emocionales de purpurina,
y con la firme convicción de que la báscula y yo no nos veremos en una temporada.
Las Navidades se han ido.
Yo no.
Y con eso, de momento, es suficiente.
—Akene 😌✨


