Relatos cortos
Pequeñas chispas de emoción para leer en cualquier momento. Amores fugaces, secretos escondidos y momentos que parecen mínimos... Historias breves que caben en el bolsillo, pero que pueden quedarse contigo para siempre.
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Full tensión
Después de la reunión interminable propuso un Starbucks. No era una cita. Pero lo parecía. Llegué antes y ya estaba allí. Mirándome como si el café fuera una excusa.Como si el plan fuera otro. Mesa pequeña. Piernas que se rozaban. Sonrisas lentas. Miradas que bajaban y subían.Silencios que hablaban más que las palabras. Charlamos durante horas. No solo fue una conversación. Había ganas. Había química. Y esa certeza clara de que eso no se iba a quedar ahí Me rozó la mano. No la aparté. Se acercó un poco más. Yo también. Me invitó a una copa en su casa. Yo acepté.
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No cap
Esta vez no hubo secretos. Ni prisas. Ni mensajes a medias. Quedamos para tomar algo y nadie miró el reloj. Me habló mirándome a los ojos, sin bajar la voz, sin cuidar demasiado las palabras. Y yo me sentí tranquila. Raro, pero bien. No hubo mariposas descontroladas. Ni promesas grandes. Solo risas fáciles y silencios cómodos. Cuando volví a casa pensé en lo diferente que se siente algo cuando no tienes que esconderte. Y sonreí. Porque quizá el amor no siempre llega con vértigo. A veces llega así.Claro. Sencillo. De frente.
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En visto
Al principio me gustaba que fuera secreto. Quedar a deshoras. Mensajes borrados.Miradas rápidas por los pasillos. Él decía que era mejor así, que lo nuestro era especial, diferente, intenso. Y yo me lo creí. Me creí que esperar valía la pena. Que esconderme era romántico. Pero un día me di cuenta de que siempre era yo la que esperaba. Yo la que callaba.Yo la que se conformaba. Y ahí lo entendí todo. Si tengo que esconder lo que siento, entonces no es amor. Es solo miedo… y no es mío.
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Punto y final
El despacho siempre fue nuestro refugio. Allí empezó todo: las sonrisas cómplices, los cafés a escondidas, las caricias rápidas entre montones de libros. Yo sentía que vivía una historia prohibida, de esas que solo aparecen en las novelas… y yo era la protagonista. Aquella tarde decidí darle una sorpresa. Subí las escaleras de dos en dos, con el corazón en la garganta y la sonrisa más tonta en los labios. La puerta estaba entreabierta y escuché su voz… seguida de una risa que no era la mía. Empujé despacio y lo vi. Sus manos, que tantas veces me habían buscado, ahora recorrían la cintura de una compañera de clase. Ella…
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Amor con sabor a mantequilla
Se toparon en la fila del cine. Literal.Él venía distraído con su bol gigante de palomitas; ella lo sostuvo antes de que hiciera un espectáculo. Nivel: final alternativo de comedia romántica. —Uy, perdón —soltó él, con cara de “soy funcional, lo juro”.—Todo bien —dijo ella, sonriendo como si tropezarse con extraños fuera su hobby. Por un momento, el aire olía a mantequilla derretida, a nervios tontos… No hubo beso. Ni Instagram. Ni “te llamo”.Solo un “gracias” que quedó flotando con sabor a “esto fue raro, pero cool”. Horas después, los dos seguían pensando en el choque… más por el estilo que por el contenido.Porque, sinceramente… ¿Quién se olvida de alguien…




