Diario de Akene Quick

13 de febrero, 00:00

00:00. Técnicamente ya es mañana, pero me niego a llamarlo 14 de febrero todavía.
Déjame este último minuto de tregua.

Acabo de meterme en la cama con el móvil en la mano, la luz apagada y esa sensación rara de cuando el día termina, pero la cabeza sigue despierta. Afuera todo está en silencio, pero internet no. Instagram sigue lleno de corazones adelantados, cenas anunciadas con misterio y flores que claramente no han visto una floristería en su vida.

Cosas que pienso justo ahora, a estas horas, y que no voy a maquillar:

Que me da un poco igual San Valentín. Que no, no me da igual del todo. Que, si mañana no pasa nada, sobreviviré. Que, si pasa algo, tampoco voy a hacerme la sorprendida.

No quiero flores por compromiso. Pero si llegan… tampoco voy a devolverlas.

No quiero grandes gestos forzados. Pero un mensaje bonito nunca sobra.

Supongo que lo que realmente me cansa no es el día, sino todo lo que se espera de él. Como si el amor tuviera que demostrar algo en 24 horas exactas o caducara si no se publica en stories.

A esta hora me prometo algo sencillo: mañana no voy a compararme. No voy a medir mi valor en planes, en mensajes, ni en silencios.

No voy a fingir que soy de hielo, pero tampoco voy a regalar el corazón al primero que pase con un lazo rojo.

Si mañana hay amor, bien. Y si no, también. Porque ahora mismo, a las doce en punto, aquí estoy yo: cansada, tranquila, un poco blanda por dentro y bastante en paz.

Cierro el diario. Mañana veremos qué trae el día.

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